"TÁCTICA es lo que se hace cuando hay algo que hacer, ESTRATEGIA es lo que se hace cuando no hay nada que hacer"
Savielly Tartakover

domingo, 28 de junio de 2015

Comunicación elegante

El concepto de la elegancia es un concepto abstracto y muy personal. ¿Qué es para ti la elegancia? En muchas ocasiones no nos hemos parado a pensar en ello y es curioso porque no es solo un concepto externo, no sólo se refiere al vestir sino que también es un concepto interior. Uno de los componentes más importantes es ser elegante en la comunicación.   

¿Qué significa esto? Una persona elegante es una persona que comunica de forma constructiva y serena. Es cierto que la comunicación forma parte de nosotros, que es una habilidad innata, pero no todos comunicamos igual, es una habilidad que necesita ser pulida.  Las personas elegantes lo han asumido como parte de ellos y saben estar en cualquier circunstancia. Las personas elegantes están tan seguras de cuál es su posición en el mundo que no tiene ningún problema en mostrarse con unos ademanes suaves y una cordialidad extrema en su trato con los demás.

Esto no quiere decir que no tengan conflictos, al igual que todos, los tienen, pero, tener conflictos no es algo malo per se, es algo que hay que saber gestionar y llevar hacía el camino de la comunicación constructiva. Tener conflictos de comunicación, y gestionarlos, nos enriquece y nos hace crecer.

Lo que sucede es que estas personas no ven la vida como una dualidad. No son de los que piensan, o estás conmigo o estás contra mí, sino que, son personas que entienden que el mundo está lleno de matices, que entre el blanco y el negro hay un todo. Entienden que el resto de comunicadores son personas, igual que todos y que tienen algo que brindar al mundo.

Lo importante es que no están en actitud de guerra: o venzo o me derrotan.  No tiene como visión del mundo una dualidad simplista propia de las personas que no están dispuestas a conversar. Hay personas que sólo ofrecen dos opciones A y B, y no toleran bajo ninguna circunstancia que haya cosas en medio, es una forma de ver la vida muy limitada y es propio de las personas inseguras. Las personas elegantes entienden que la vida está en los matices y ante ello, tienen una actitud serena.  No son como una locomotora arrolladora que con su dicción extraen palabras sin sentido, sino que vehiculizan sus expresiones, tienen una función integradora e intentan llegar a un punto medio donde compartir. Las personas elegantes buscan la armonía y se expresan desde su punto de equilibrio.

En el plano físico, no abarcan el terreno del otro, le dejan su espacio vital, adoptan una actitud corporal serena y te hacen sentir de forma mágica y especial.

Ser una persona elegante en la comunicación no quiere decir que no tengan conflictos, te aseguro que los tienen, pero saben gestionarlos, porque evitan el dramatismo, las tragedias griegas, el fatalismo y adoptan una actitud integradora y serena donde conviven con la diversificación. ¡Esto es la elegancia!.



sábado, 27 de junio de 2015

¿Cuál es tu actitud?

Ayer escuché un conferencia de Tedx que afirmaba que en la vida laboral la fórmula del valor de una persona es el conocimiento más las habilidades, o experiencia, multiplicado por la actitud. Si lo piensas bien, así es, la actitud multiplica cualquier cosa que hagamos. La actitud es multiplicadora, eleva cualquier tarea que hagamos al concepto de lo inolvidable.

¿Qué es lo que tus compañeros de trabajo ven cuando están a tu lado? ¿Qué es lo que recuerdan cuando no estás? Efectivamente, es tu actitud, tu predisposición, tu curiosidad, tu don de cambiar los problemas en cosas para gestionar, tu habilidad de estar presente siempre que te necesitan, tu apoyo constante, tus conocimientos para delegar en la persona apropiada, para trabajar en equipo, para tomar decisiones contando con todos y para liderar un grupo. Esto es lo que de verdad llega a los demás. La actitud es tu esencia, eres única, exclusiva, y con tu actitud haces que todo lo que toques lleve tu huella, y, o bien brille, o bien, se opaque eternamente. ¿Cuál es tu actitud?.

Es cierto que si no tienes conocimientos ni habilidades, por mucha actitud que tengas no puedes sacar las cosas hacía adelante, pero, en el sentido contrario, con un mínimo de conocimiento, un mínimo de experiencia y mucha actitud seguro que brillarás como una estrella.

Este mismo planteamiento lo podemos pasar al terreno social o incluso al familiar, ¿Qué crees que tus amigos recuerdan de ti? ¿y tus familiares? ¿Crees que recuerdan tu experiencia o tus conocimientos? No, lo que recuerdan es tu actitud positiva, tu predisposición para ayudar, tu tolerancia, tú pasión al hacer las cosas. Tu esencia y tu huella, es la actitud que pones cuando haces las cosas. 

¿Cuál es tu actitud? ¿Eres positivo o negativo? ¿Estas predispuesto a ayudar o mantienes una actitud pasiva? ¿juzgas a todo aquel que te cuenta algo sin darle la oportunidad de expresarse o lo escuchas activamente y sin juzgar? ¿Escuchas o estás esperando un hueco para saltar y ser el protagonista de la conversación?. Recuerda, tu actitud es tu huella.

Quiero dedicarle este post a mi amiga Alicia. Se lo dedico porque me ha inspirado a escribirlo, por su actitud positiva, por su predisposición a ayudar y hacernos reflexionar, por su ayuda cada día, por su escucha activa y por hacer tan divertidos todos los almuerzos. Estoy convencida de que Alicia pone su huella en todo lo que hace, y por eso, todos recordamos su don de convertir los problemas en cosas que gestionar.


viernes, 26 de junio de 2015

Felicidad versus productividad

Hay varios estudios que demuestran que las personas felices son más comprometidas y más productivas. Ello es así porque son personas con un enfoque amplio, capaz de aplicar la multidisciplinaridad a todas las facetas de su vida.

En el seno de las organizaciones, hay un informe que demuestra que los empleados más felices son más seguros, más confiados y más empáticos que el resto de personal, pero si nos centramos en obtener la felicidad como último propósito, puede ocurrir todo lo contrario, que idealicemos nuestra concepto de felicidad y nos sintamos inseguros por no poder alcanzarla.

En este estudio, se separaron a los empleados de una gran empresa en dos grupos. El Grupo A recibía diariamente un correo electrónico recordándoles que todas las decisiones que tomaran tenían que tener como último objetivo ser más felices. Al grupo B, no se le envió ningún correo durante todo este tiempo. Después de un mes, se les hizo un test sobre felicidad a los dos grupos y casualmente los empleados del grupo A dieron resultados mucho más elevados en felicidad que los empleados del Grupo B.

Los autores de este estudio fueron un poco más allá y estudiaron el comportamiento de los empleados del Grupo A en otras circunstancias. Se les continuaba enviando continuamente el correo pero, el nivel de felicidad alcanzado se media cada dos días. Así las cosas, el nivel de felicidad descendió ya que los empleados estaban obsesionados en sacar buenos resultados en el test y se olvidaban de tomar las decisiones correctas. 

Sucede igual que cuando alguien quiere dormir toda la noche plácidamente y se obsesiona en ello, probablemente no lo logre, pero si en lugar de ello, cena ligero, pasea antes de irse a dormir, toma un baño caliente y se va a la cama a una hora prudencial, sin obsesionarse con el resultado, lo más normal es que consiga una buena calidad del sueño. Lo importante es el camino, no el resultado.

El control obsesivo de los resultados puede afectar negativamente en la maximización de los beneficios. Podéis leer sobre este experimento y otros similares en el siguiente artículo:

"Happiness in the Workplace: Employees who focus on Maximizing Happiness Become Happier"



¿Cómo tomamos las decisiones?

¿Qué es ser responsable? Ser responsable significa dar respuestas a la vida, significa tomar decisiones con seguridad y hacerte cargo de sus consecuencias. En la vida tomamos muchísimas decisiones a lo largo del día, algunas las tomamos en modo automático y forman parte de nuestra rutina. Otras en cambio, nos cuesta muchísimo trabajo tomarlas porque las consideramos importantes y no tenemos la certeza de las consecuencias que producirán. Así es, en la mayoría de los casos la incertidumbre es una parte importante de la decisión.

¿Cómo decidimos? En primer lugar, analizamos la información que tenemos. Hay ocasiones que no tenemos toda la información necesaria para tomar la decisión. En estos casos, aquella información que no tenemos, nuestro cerebro se encarga de inventarla, rellenamos los huecos con lo que a nosotros nos parece más creíble, con lo cual, depende mucho de nuestra actitud el que la información que rellenemos sea positiva o negativa.

Una vez hemos rellenado los huecos, y creemos que disponemos de toda la información necesaria, entre todo el conjunto factible, entre todas las posibilidades elegimos aquello que nos resulta más conocido, más claro y más fácil de asumir. Esto es así porque nuestro cerebro evita salir de su zona de comodidad. Lo nuevo supone un cambio, supone un esfuerzo adicional y nuestro cerebro intenta distraernos para evitarlo. Cuando estamos en modo rutina, nuestro cerebro ahorra energía que utiliza para otros procesos. Si salimos de nuestra zona de comodidad y hemos de integrar situaciones nuevas, necesitamos más energía para ponerla en marcha y ello hace que nuestra cerebro tenga que coordinar mucho mejor para poder hacer frente a todos los procesos abiertos.

Es muy importante que tomemos nuestra decisión desde el presente, tomando como experiencias aquello que nos ocurrió en el pasado y teniendo en mente el futuro, como proyección. ¿Qué es lo que queremos? ¿Cuál es la meta en el futuro? Planificamos en función de nuestra meta, de nuestras proyecciones pero vivimos el presente, y esto es así por varios motivos, el principal es que estamos aquí y ahora, necesitamos actuar ahora aunque las consecuencias se produzcan en un futuro. La segunda razón es que si esperamos a que algo suceda en nuestro futuro estamos introduciendo la incertidumbre en nuestro presente y desde la incertidumbre no podemos caminar hacía delante o si lo hacemos lo haremos mucho más lento que alguien que tiene seguridad, confianza y un objetivo claro. Si tenemos un plan de trabajo que nos lleva a nuestro objetivo y trabajamos en el presente, sin preocuparnos de más allá, si te ocupas y no te preocupas, el fin siempre se alcanza, es un camino lógico. Lo has diseñado, has seguido todos los pasos, has puesto toda tu pasión ¿Por qué no tenía que ocurrir? No hay ninguna razón para ello. Ten fe.

Es muy importante que aprendamos a tomar nuestras decisiones con seguridad y confianza. Si dejamos que otros decidan por nosotros y adoptamos una postura pasiva, no iremos donde nosotros queremos, sino donde otras nos llevan. Ser responsable da seguridad, independencia y autonomía. Es importante dejar atrás el apego a las cosas, a las ideas y a las personas. El apego era importante en la época prehistórica, nuestros antepasados salían a cazar en grupo y aquellos que tenían una figura de referencia que les cubría la espalda tenían muchas más oportunidades de sobrevivir. Debido a las conexiones neuronales generadas, esta idea ha llegado a la actualidad. Desde que nacemos buscamos una figura de referencia. Asimismo sucede con nuestras creencias, si tenemos apego a nuestras creencias las consideramos razones de vida y no las cambiaremos bajo ninguna circunstancia.

Por último, para finalizar, me gustaría dejaros una última reflexión. Si vivimos esperando que nos suceda algo en el futuro y finalmente llega ¿Cómo sabemos que vamos a ser capaces de aprovecharlo si no lo hemos hecho nunca? En algunas cosas, la primera siempre es la mejor, pero, ¿estás seguro que en todas?

lunes, 22 de junio de 2015

La vida es como el café

Cuentan que una vez, los discípulos fueron a visitar a su maestro y comenzaron a contarle que la vida no era fácil, que estaban muy estresados, que no tenían tiempo de hacer nada nuevo, que la vida les llevaba por un camino prediseñado y casi no tenían posibilidad de elección y, así las cosas, sus quejas iban en aumento.

Ante estas quejas, el maestro se levantó, fue a la cocina y preparó una gran recipiente con café, la llevó donde estaban sus alumnos en una bonita bandeja y en ella, puso tazas de todos tipos, de porcelana, de cristal, de madera de olivo y de plástico. El maestro dejó la bandeja encima de la mesa e invitó a sus discípulos a que se sirvieran. Así lo hicieron, todos cogieron las tazas más bonitas y llamativas y se sirvieron el café.

El maestro les dejo saborear su agradable taza de café, suave y humeante y, cuando casi habían terminado, les dijo, fijaos, todos habéis escogido lo más caro, lo más bonito, lo más llamativo, cuando lo realmente importante, no era la taza, sino el café. El continente, la taza, no importaba, el café era de una magnifica calidad y en cualquier recipiente hubiera estado igual de exquisito.

Esto es una metáfora de la vida, le damos más importancia a las cosas superficiales, a ser los mejores, a destacar, a ganar siempre, tanto es así, que no sabemos apreciar las pequeñas cosas que nos regala la vida, el contenido, el café, un beso, una llamada, un paseo, una foto.... Lo que más llena en la vida es saber valorar las pequeñas cosas que la vida nos ofrece y que a veces no disfrutamos porque no lo vemos, no estamos presentes. Así que, a partir de ahora propongo  que estemos atentos a todo lo que nos regala la vida.

Os tengo que confesar, que aunque me gusta mucho esta historia, no estoy de acuerdo del todo. A mí, que me encanta el café, y nunca se me ocurriría beberlo en un recipiente de plástico. Os explicaré por qué. En mi mente está la creencia de que la porcelana incrementa el sabor del café. Creo que mi corteza prefrontal tiene asociado el café con la porcelana, para mí, el olor, el sabor, el color, el aroma, lo que me transmite el café, no es lo mismo si el vaso es de cristal que si es de porcelana y mucho menos, si es de plástico. ¿Qué opináis?


sábado, 20 de junio de 2015

¿Qué letra es la tuya?

Hace unos días leí un artículo que me impresionó y ahondó en mi amor por las palabras. Explicaba como cada persona tiene una letra asociada a su personalidad, una letra que le acompaña siempre, que imita su postura corporal y su forma de comportarse y que le define, aunque no lo sepa.

Pongamos como ejemplo la letra R, ¿qué postura creéis que tiene? Está estirada, tiene los brazos cruzados, esta cerrada a nuevas ideas, es represiva y restrictiva.

Otro ejemplo, ¿qué creéis que significa la letra O? La letra O es una letra totalmente cerrada, redonda, donde los pensamientos giran sobre si mismos todo el rato. Son personas muy pensativas, cerradas al cambio y a las que le cuesta tomar decisiones. Es la letra de la oscilación, las personas representadas por la o, son personas olvidadizas, omnipresentes y ostentosas.
Otra letra con personalidad es la E. Esta es la letra de la empatia, es una letra abierta, con los brazos estirados, esperando a ayudar, preparada para escuchar. Es una letra verdaderamente empática.






Si me preguntáis a mí, la letra que más me gusta es la C, fijaos que es una letra abierta, donde los pensamientos fluyen. Esta abierta a cualquier sugerencia, nos hace estar tranquilos, es como un colchón que se adapta a nuestra postura. Además es la letra de la confianza, de la comunicación, de la coherencia y del carisma. Me gusta la C porque me ofrece todo un caleidoscopio de posibilidades




Ya he pensado que letra, me representa. ¿Y tú? ¿Ya sabes cuál es la tuya?

lunes, 15 de junio de 2015

¿Qué significa la expresión "Quemar las naves"?

Cuentan las leyendas que Alejandro Magno(356 a.c.-323 a.c), hijo de Filippo II, fue educado por el maestro Aristóteles, adquiriendo una formación muy amplia en valores, en estrategias y obteniendo una visión de la vida mucho más allá amplia que otros personajes de su época.

Filippo II fue envenenado y Alejandro Magno se vio en la tesitura de de tener que gobernar en un momento en que las revueltas de los pueblos sometidos a Macedonia eran difíciles de detener. Al principio, de dedicó a contener las revueltas pero cuando estuvo afianzado y tuvo su oportunidad, decidió expandir su territorio, y en tan sólo unos años se hizo con un vasto territorio. Cabe señalar que sus huestes no eran muy grandes comparadas con los territorios que estaba anexando pero tenían un buen dirigente.

¿Qué era lo que hacía que Alejandro Magno tuviera tanto éxito? Por una parte, su magnética visión de la vida y su amplia formación en estrategias, por otra parte, su inigualable fe, en si mismo y en su equipo, además de su determinación, su confianza, su excelente organización, su forma de introducir innovaciones y su forma de tomar decisiones.

Hay un episodio que cuenta Manuel Campuzano en el libro Alejandro Magno. La excelencia desde el liderazgo, que me parece determinante para que comprendamos su forma de actuar, su carisma y su forma de tomar decisiones. Cuenta este libro que Alejandro navegó hasta Fenicia y nada más llegar, observó que los enemigos les triplicaban en número y que su tropa se sentía derrotada mucho antes de empezar la batalla. Desembarcó y dio la orden de quemar las naves. Inmediatamente reunió a sus hombres y les dijo "observar como se queman las naves, os comunico que esta es la única razón por la que debemos vencer, ya que, si no ganamos, no podremos volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podremos volver a reunirnos con nuestras familias. Debemos salir victoriosos de esta batalla, ya que, sólo hay un camino de regreso: el mar".

A partir de este momento se generó una máxima. La expresión "quemar las naves" como sinónimo de lanzarse a por un objetivo y hacer todo lo posible para conseguirlo. En psicología positiva se habla de quemar las naves a deshacerte de los pensamientos y creencias limitantes que te frenan y no te permiten conseguir tus objetivos. Si tienes creencias limitantes debes tomar valor y deshacerte de ellas, aunque sea muy costoso porque ello será el camino para conseguir tus objetivos, si realmente los deseas, porque en ocasiones, nos ponemos como objetivos cosas que realmente no deseamos sino que solo nos sirven para complacer a alguien.

Ya sabes, lo aconsejable es quemar las naves, pero, claro, para quemar las naves antes debemos saber cuáles son nuestras naves, ¿Y tú sabes cuál es la tuya?

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